¿Qué piensa una persona cuando entra por primera vez a un sex shop?
Probablemente tenga un poco de miedo. Quizás también curiosidad, ganas de explorar o simplemente de probar algo nuevo.
Muchas veces escuchó hablar de algún producto por un conocido. No sabe exactamente qué compró, pero sabe que le dio resultado. Y entonces aparece esa pregunta: ¿por qué no probarlo yo también?
Con el tiempo, atendiendo en el local, empecé a notar que hay, a grandes rasgos, dos tipos de personas que entran por primera vez.
Por un lado, están quienes llegan completamente en blanco. Entran y dicen algo como:
"Recomendame, ¿qué puedo comprar?"
No saben exactamente qué buscan y necesitan que alguien los oriente.
Por otro lado, están quienes llegan referidos por alguien de confianza. Una amiga, una pareja o un conocido ya compró algo y le contó su experiencia. En esos casos, muchas veces vienen con una idea bastante concreta. Incluso pueden entrar mostrando una foto y diciendo:
"Esto es lo que compró mi amiga. Quiero lo mismo."
Y ahí aparece algo interesante: que saber qué le funcionó a otra persona no significa necesariamente que sea lo que mejor funciona para uno.
Por eso, antes de recomendar algo, toca explicar e indagar un poco.
¿Ya usaste juguetes alguna vez? ¿Probaste algún gel? ¿Es tu primera experiencia?
No suelo preguntar directamente qué es exactamente lo que le gusta a la persona. Prefiero darle un abanico de posibilidades, pero sin abrumarla.
Por ejemplo, puedo mostrarle diferentes tipos de productos y explicarle, de manera sencilla, qué estimula cada uno, cómo funcionan y para qué puede utilizarse cada opción.
Entonces la persona empieza a identificar qué le interesa.
"Esto sí me llama la atención."
"Esto no sé si es para mí."
"Esto quizás podría probarlo."
Y a partir de ahí es mucho más fácil orientarla que intentar explicarle absolutamente todo lo que hay en el local.
Menos puede ser más
Hay algo que recomiendo especialmente cuando noto que una persona está dudosa o insegura: empezar de a poco.
No hace falta llevarse el producto más completo, más grande o con más funciones simplemente porque parece tener más posibilidades.
A veces un pequeño vibrador, un gel o un producto sencillo puede ser suficiente para empezar a explorar algo nuevo.
Y si lo que se busca es probar productos con penetración, también puede ser conveniente comenzar con una opción de tamaño estándar y ver cómo resulta la experiencia.
¿Por qué?
Porque comprar algo demasiado complejo cuando todavía no sabemos bien qué buscamos puede terminar siendo contraproducente. La persona puede no entender del todo cómo utilizarlo, sentirse incómoda o simplemente descubrir que ese producto no era lo que esperaba.
Y algo que comenzó como una experiencia para disfrutar puede terminar convirtiéndose en algo tedioso, haciendo que la persona abandone la idea por completo.
Por eso, cuando alguien me pregunta qué debería comprar para empezar, muchas veces mi respuesta es bastante sencilla:
al principio, menos es más.
No se trata de llevarse muchas cosas. Se trata de encontrar algo que tenga sentido para vos, probarlo, descubrir qué te gusta y, a partir de ahí, ir explorando.
Porque al final, cada persona es diferente. Lo que le funcionó perfectamente a tu amiga puede no ser lo que vos necesitás.
Y quizás esa sea la parte más interesante de empezar a explorar: no hay una receta única.
